viernes, 7 de agosto de 2015

Sumérgete...Hacia lo desconocido estas vacaciones

La palabra VACACIONES en sí misma ya es sinónimo de descanso y desconexión. Pocas palabras nos producen tanto placer como poder decir: ¡Estoy de vacaciones!




Es por ello que, antes de que las pre-ocupaciones por la vuelta a la rutina te irrumpan, quiero compartir contigo algunas claves que pueden ayudarte a saborear este periodo vacacional plenamente. 


SUMÉRGETE. .. HACIA LO DESCONOCIDO





¿ Has pensado alguna vez que, al hacer siempre lo mismo obtenemos los mismas respuestas?

Y por respuestas me estoy refiriendo a aprendizajes, emociones, sensaciones y experiencias “bajo control”.

Nos gusta sentir el control de todo, incluso de las emociones que vamos a sentir cuando vamos al “lugar de siempre, para tomar lo de siempre, y hablar de lo de siempre con los de siempre”.

Hacer siempre lo mismo nos conduce a los mismos resultados: experimentamos las mismas emociones, las mismas sensaciones… sin embargo, en esa estela de “control” nos alejamos de la emoción que a todos nos hace suscitar un nuevo estado: sorprendernos

Desde aquí te invito a que, en este tiempo vacacional encuentres algo que sea desconocido para ti y déjate sorprender. Experimenta el placer de esta sensación.

No hace falta cambiar de país…(o sí) para hacer algo distinto. Sólo es necesario virar el timón hacia lo desconocido.

¿ Por qué no pruebas a ir a una playa distinta?
¿ Por qué no pruebas una nueva ruta?
¿ Por qué no pruebas a charlar con un desconocido?
¿ Por qué no pruebas a leer un libro de una temática distinta a la que acostumbras?
¿ Por qué no pruebas a cambiar de canal (o apagar la televisión)?
¿ Por qué no pruebas una nueva comida, un nuevo sabor, un nuevo aroma?
¿ Por qué no pruebas un color de vestir diferente?
¿ Por qué no pruebas una música distinta?
¿ Por qué no pruebas a decir sí…(o no)?

¿ Por qué no pruebas a probar distinto?




Los seres humanos somos seres de hábitos y costumbres que repetimos de manera consciente o inconscientemente hasta la saciedad. Somos seres repetitivos que habituamos a sentir en esa rutina un estado de seguridad que nos proporciona el saber que hacemos las cosas “como siempre”, seguramente del modo en el que nuestros padres nos enseñaron o vimos hacerlo. Solemos decir heroicamente lo de:  “ Y si me gusta,¿ por qué cambiar? “.

No se trata de cambiar, se trata de probar lo desconocido para descubrir si también formará parte de tus gustos, o por el contrario, será un añadido más a tus ¡ni de coña!. Porque en la vida, nos acostumbramos a experimentar las cosas desde el punto de vista de los opuestos, o lo que es lo mismo, desde lo absoluto:

¡O estás conmigo o contra-mi!;  negro o blanco; arriba o abajo; me encantas o te detesto; bueno o malo; aprobado o suspenso; bonito o feo…

Sin embargo, al igual que en nuestra Lengua Española contamos con un enriquecido uso de palabras y significados múltiples, podemos aderezar también nuestra propia actitud con un añadido de tonalidades (emociones, experiencias, sensaciones…) todas ellas dispuestas a ser descubiertas por ti.




Nos movemos por la vida con resistencia hacia lo desconocido, como si arriesgarse fuera apto para las personas a las que contemplamos desde lejos, a las que coronamos en un status de valientes y aventureros dispuestos a perder para ganar. Como si se tratase de un cromosoma especial que sólo heredan “los elegidos”.

Este nivel de “arriesgar” ante la vida es un comportamiento y una actitud que todos, en cualquier momento de nuestra vida podemos desarrollar, incluso cuanto más arraigado es el sentimiento de seguridad y necesidad de control, más se hace escenario una receta de esta sustancia llamada “sin miedo a perder”.

Como seres educados para triunfar, para el todo o nada, para llegar lejos, ser los más y más mejores… Se les olvida contarnos que, el fracaso o esa parcela llamada zona de aprendizaje, existe únicamente cuando te atreves a arriesgarte.

Son en esos casos que uno asume que se ha equivocado, que no ha actuado bien o ha tenido un error, es decir, en el “no saber”, cuando uno re-descubre su máximo potencial,  porque se enfrenta a sí mismo para poder salir adelante.

Es precisamente en ese fango vivencial, en esa corriente agitada, en esa crisis personal, cuando realmente adquirimos el mayor de los aprendizajes: conocernos. Si  aprendemos de ello, es cuando encontramos en nuestras propias capacidades y habilidades el mapa que nos guía al siguiente nivel.

Porque el fracaso en sí mismo no es ni malo ni bueno, no resulta humillante o despreciable, sino que, si lo entendemos correctamente, es una parte más del camino de la vida.

Si adquirimos este nuevo enfoque, entonces el temor a ese momento se vuelve menos temeroso, la sensación de miedo e inseguridad hacia el fracaso o lo desconocido desaparece, y por tanto, evitar o apostillarnos en “lo de siempre” sólo posterga un estado involutivo de aprendizaje.

Alíate con esta clave e incluye en estos días nuevas experiencias para aderezar ese: “como siempre”. Amplifica tus emociones y sumérgete en lo desconocido. Quién sabe, puede que te sorprendas.


2. LA MEJOR COMPAÑÍA: TÚ

Si el verano es el momento de relajarnos, también es el estado perfecto de compartir. Aprovechamos para salir más, disfrutar con los seres queridos, con los amigos a los que vemos únicamente en vacaciones, con la pareja, los hijos, la familia…para ser más parte aún de ese grupo.

Sin embargo, puedes aprovechar también para disfrutar de ti mism@.




Algunos de vosotros ya están poniendo mueca extraña en su rostro, como si se tratase de una película de “raros o poco apetecible”.

El hecho de que vivamos en nuestro cuerpo no quiere decir que vivamos en nosotros mismos. Podemos estar tan conectados al exterior, a las obligaciones, a los quehaceres, a las necesidades ajenas…Que si hacemos balance, pocos o escasos, son los momentos en los que permanecemos en nosotros mismos de manera consciente. Puede que te resulte algo extraño o puede que sea un hallazgo ya experimentado, sea como fuese, es importante re-conducirnos hacia nosotros mismos y aprovechar este tiempo para disfrutar de uno mism@.

Te invito a hacer esta pequeña prueba: Deja por unas horas de actualizar perfiles, de comprobar correos, de estar en línea en whatsapp, de subir la foto del verano a Instagram o de contemplar la vida ajena como si de un examen se tratase… Permítete que la hiper-conexión con el exterior se evapore por unos instantes.




Es importante descubrir que nosotros mism@s somos los protagonistas de nuestra propia película. Puede que esta frase no sea nueva para ti, pero sí la experiencia de la misma.

Aunque nos creamos protagonistas de nuestra vida, existen pocos momentos en los que realmente estamos con nosotros mismos; en los que nos da igual el exterior; en los que me dejo llevar por lo que me apetece y me permito “cerrar por vacaciones”, al menos, por un momento, el mío, el que yo elijo para mí.

¿ Y cómo llegar a esa re-conexión o experiencia en ti? Muy sencillo, acompáñate de nadie y silencio.




Es en el silencio donde la persona encuentra un espacio privado, de exclusiva intimidad consigo mismo donde nadie ni nada puede interferir. Existe en la sociedad actual, la tendencia misma de la sobre-exposición, de figurar, de actualizar, de ponernos siempre en los ojos del otro, a su juicio, a su imagen, pero, ¿ por qué actuamos así?

Sencillamente porque nos resistimos a estar con nosotros mismos. Tememos estar en nosotros porque nos da miedo enfrentarnos a nosotros mismos.

El silencio es uno de los bienes más preciados de este mundo, porque a través de él, podemos conectar, observar y analizar, sentirnos y escucharnos.

¿ Y cómo puedo escucharme? A esto te responderé diciéndote; “Amigo mío, ¿ has sentido alguna vez  tu intuición?”.

La intuición es una forma en el que tu yo interior se manifiesta y te habla. Te envía mensajes y claves que transformamos en sensaciones o impulsos. Por ejemplo, cuando conocemos a alguien y no terminamos de sentirnos a gusto con esa persona, solemos decir: “si es muy maj@, pero hay algo que no me convence”;  o cuando sientes: “ me han invitado a una fiesta o viaje, pero no sé que hacer, hay algo que me dice que no”; “llevo tiempo con mi pareja, pero no sé, hay algo que me dice que no es para mí, y mira que es buena persona pero…” Ahí está. La bendita intuición. ¡Qué bien nos iría si aprendiéramos a conectar más con ella y menos con los deberías o los “qué pensarán de mí”!

Existe un paradigma equivocado en nuestra forma de actuar: se considera que las personas que permanecen en momentos de soledad o silenciadas, se asocian con “rarezas marginales anti-sociales con dosis de aburrimiento”.

Esto se debe a que nuestro modo de actuar, de alguna manera, está muy condicionado al exterior: al que dirán, al qué pensarán, al qué imagen daré, a qué debería hacer…Y dotamos a esa masa no pensante (sino criticante) del poder necesario para asumir sus ideas preconcebidas, sus doctrinas sociales y a apoderarse del poder que todo individuo tiene: la libertad de elegir.

Los mayores despertares de los seres humanos ocurren cuando están únicamente para consigo. Cuando se enfrentan a sí mismos, cuando son capaces de tomar las mejores y acertadas decisiones. Cuando de un sí o de un no, sale un valor incalculable de potencia que los lleva hacia el camino que realmente desean seguir, pero que el ruido no deja escuchar. Así que, ¿ y si pruebas a hacer la prueba?¿ qué te dice tu intuición?



Experimenta, transgrede, lánzate a lo desconocido, silencia el ruido exterior, conecta contigo, … y sobre todo, DISFRUTA COMO UN NIÑO.  

Feliz verano  :)