sábado, 17 de febrero de 2018

¡La he liado parda! ¿ Y qué?







Hoy viene a mí esta memorable frase de aquella socorrista que espontáneamente soltó por televisión: ¡La he liado parda! No sé si recuerdas ese suceso que se convirtió en viral. La chica en cuestión, una socorrista desprovista de experiencia aún sobre cómo desinfectar el agua de la piscina, reconoció haber mezclado ciertos compuestos químicos que provocaron una gran nube tóxica. Los vecinos alarmados por dicha escena, tuvieron que ser asistidos por personal médico. Fue MUY SONADO. Ella, en un acto heroico por asumir así su responsabilidad, acuñó la célebre frase: ¡ La he liado parda!

Decido apropiarme de dicha expresión para contarte el proceso NATURAL del error. Algo que hoy día, nos cuesta reconocer.


¡La he liado parda! …¿  Y qué?

Venga, reconócelo, te has visto en este papel alguna vez…¡Normal y Necesario, te diría! Las LIADAS PARDAS forman parte de nuestra vida. Es un modo natural de aprender.

Sin embargo, hay que diferenciar entre liadas pardas virales, de esas que cuentas con gracia y sentido del humor, de las que se convierten en anécdotas en tu vida con las que deleitar a tu entorno. Esas liadas con poca transcendencia quizás, que conducen a una situación cómica, o insustancial. Vamos, un descafeinado.

Pero las liadas pardas que de las que deseo contar hoy, son esas liadas que dejan huellan en nosotros, de esos errores que cometemos (inconscientemente) y que nos causan un profundo dolor, angustia, pena, culpa, resentimiento… ¡Un solo sin azúcar! Estas son las liadas pardas que tanto nos cuenta asumir, reconocer y entender. ¿ Te va sonando la canción?

Para tu tranquilidad te diré que actuamos de ese modo, porque hemos aprendido a sobrevivir a dicho modo…quiero decir, que nuestra sociedad no asume, o no nos permite asumir, que los errores son grandes oportunidades para aprender, para avanzar, para CRECER.

Permíteme contarte el proceso natural del error…

Los errores son vistos en nuestra sociedad como grandes momentos de fracaso, de imperfección, de invalidez, y por qué no, incluso de humillación.

Vernos o sentirnos que hemos cometido un error es valorado a ojos de nuestro ser más crítico, y también por los demás, como un gran fracaso, como una imperfección que tenemos y de la que intentamos a toda costa huir de ella, convirtiéndose así en un gran dramón en nuestra vida. Nadie está dispuesto a asumir esa parte tenebrosa que le reconoce como un ser imperfecto. ¿ Quién es el valiente que se atreve a reconocer que la ha liado parda tan abiertamente?  ¡Existen, aunque no los veas!

Seguro que en algún momento de tu vida te has visto atrapado/a en una situación como esta. En la que aún sabiendo que lo sabes, aún intentando a toda costa ser válido, perfecto o has creído que todo lo sabes…¡la has liado MUY parda!
Puede que en tu caso haya sido porque volviste a reproducir en tu vida una relación de dependencia, y verte de nuevo atrapado/a ahí te haya causado una gran impotencia. Sí, este fue un error. Puede que en  otro caso, tu error haya sido volver a un entorno laboral del que sabes que no te beneficia, y sí, tu error fue soportar de nuevo la opresión de un jefe/a tirano y no poner tus límites al respecto. Puede que tu error haya sido volver de nuevo a verte envuelto/a en relaciones poco satisfactorias, dígase amistades poco gratas para ti, y si, volviste a cometer el error de entregarte demasiado a personas non gratas. Hay muchas formas de manifestar una liada parda.

Haz memoria del último error importante que cometiste en tu vida…y tráelo al presente. Ahora te invito a que sigas leyendo este artículo, ¡a ver que descubres!

Sea como fuere ese error que cometiste, has cometido y posiblemente cometerás, lo primero que debemos saber es que, los errores son nuestro modo de acceder a un conocimiento superior, pues GRACIAS a ese error, algo dentro de ti aprendió una valiosa lección. Puede que esta lección haya sido transcendental para ti, o puede que sólo haya sido una señal de advertencia…sea como fuere, siempre están cargadas de valiosos conocimientos para con nosotros.  

Pero para llegar a dicho conocimiento, necesitamos indudablemente alejarnos del disfraz con el que solemos enfrentarnos a dichos escenarios: culpar o victimizar. Es necesario que nos liberemos de esos enredos cegadores que lo único que nos conducen es a no ver con claridad, la realidad.


 ASUMIR Y RECONOCER que hemos cometido dicho “estado pardío”


Nos cuesta asumir y reconocernos a nosotros mismos en ese error por una sencilla razón: nos han hecho creer que TENEMOS QUE SER…PERFECTOS/AS.

Sí, así es la exclusiva que te traslado: la necesidad imperiosa de mostrarnos al mundo siendo PERFECTOS. ¿Acaso existe otro modo de ser aceptados y válidos por nuestro entorno, por nuestra sociedad y por nosotros mismos? Si que la hay…Ya lo verás.

Sentimos que debemos ser perfectos desde la niñez, ya nuestro sistema educativo nos prepara para hacernos creer esta falsa verdad: ser el mejor, obtener las mejores notas, ser el número 1…  

¿Acaso te han dicho alguna vez…?¡Venga, puedes que ser el número que quieras ser en tu clase o en la universidad o en tu trabajo: el 5, 7, 33…! ¡O puedes ser el 0, o ningún número! Estoy segura que no.

Nos hemos creado este disfraz de super-válidos para poder cumplir con las expectativas que se tienen de nosotros, para sentirnos que somos válidos y aceptados por nuestro entorno, y por ende, por nosotros mismos. Por tanto, nuestro reconocimiento interior suele estar determinado por nuestra conducta exterior, esta que suele ver los errores como fracaso, los momentos adversos como caídas en picado, los fallos como algo maldito, penado, juzgado y desterrado. ¿Te suena esta melodía social? Posiblemente sí.

Es por ello que, asumir que hemos cometido un error, sea el que fuere, nos hace enfrentarnos a una gran angustia interior. Porque aquí estamos poniendo en entredicho todo lo que nuestra concepción social nos ha venido diciendo, imponiendo y que nosotros, ajenos a su cuestionamiento, asumimos fervientemente: el error es un estigma.

Sin embargo, y aquí viene la mejor parte, descubrir que la sociedad nos ha hecho así, no puede ni debe, convertirnos en  juzgadores, en críticos insaciables, en echar balones fuera…y me explico. Darnos cuenta de lo que la sociedad ha creado o nos ha hecho creer, nos tiene que servir para despertar de esta inconsciencia y de esta gran mentira. Una guantada de realidad, si lo prefieres así…Y en este despertar, permítete actuar siendo tu mejor aliado/a, es decir, como Tú el/la responsable único/a de ti mismo/a.

Así que, aléjate de sentirte víctima de las circunstancias y de la sociedad, ¡el pobre mí que me han hecho así! Ya no vale. Ya no te va a servir para seguir por el sendero de tu vida. Sólo para dar vueltas sin rumbo hacia ninguna parte. Sólo para echar balones fuera y no asumir tu propia responsabilidad de los hechos, PORQUE SIEMPRE HAY PARTE DE RESPONSABILDIAD EN LOS ERRORES QUE COMETEMOS. Pero no pasa nada. Asumir esa responsabilidad, trasmutar ese papel de víctima en tu papel de autenticidad, de humildad, te hará allanar aún más tu camino, tu vida, tus pasos aumentarán el ritmo y la intensidad, si te permites dejar de victimizar en tus errores. Trasciende de ese disfraz social.

Tampoco asumas el papel de culpable. Y por culpable me refiero a que la culpa siempre está en el otro, justificándote así incansablemente en argumentos y  reflexiones en los que llegas a creerte que son verdad, en los que te “emborrachas” y te enalteces de culpar a los demás de tus errores, para de este modo puedas eximir la responsabilidad del error.  No pasa nada. Te digo de nuevo. Despréndete también de este envoltorio que tejiste para sobrevivir al entorno.

La culpa y el victimismo es la ausencia de libertad. El hecho de que culpemos a los demás y/o nos culpemos a nosotros mismos, sólo nos hace albergar un profundo estado de miedo, aunque lo manifestemos a través de otros estados emocionales como puede ser: la rabia, la ira, el resentimiento, el enfado, la tristeza, la pena, la humillación, la angustia, etc. Y el miedo nos hace paralizarnos, nos hace inmóviles, nos hace no atrevernos a ser auténticos y libres. 

Sin embargo, esto que estás leyendo nos tiene que servir para darnos cuenta que nosotros, somos mucho más que ese error. Nuestra valía, nuestra identidad, nuestra fuerza no está determinada por nuestras acciones externas. Sino que ya forman parte de nosotros. Están ahí dentro, aunque a veces nos cueste verlo. Esta es nuestra gran lección. Ha sido ese papel que hemos asumido, o disfraz, el que nos ha hecho perseguir la perfección, y el hecho de cometer errores, hemos creído que nos aleja de esa perfección, y por tanto, la angustia (el miedo) se manifiesta en nosotros, porque algo ha hecho tambalear esa errónea creencia, esa falsa identificación de errores = imperfecciones = fracaso.



Los errores son los grandes impulsos de nuestra vida

Permíteme ahora contarte algo que quizás te resulte chocante… Y es que, si realmente te observas a ti mismo/a, si lees la historia de personas a las que admiras o que han conseguido liderar grandes cambios sociales, todos/as y cada uno/a de ellos/as revelan que: los errores que comenten les han permitido impulsarse más aún hacia su meta, hacia su propósito, su misión.

“Los errores son los grandes impulsadores de nuestra vida”

¿ Y por qué te digo esto? Porque gracias a estos errores que cometemos, a estas caídas libres en picado, manifestadas en múltiples experiencias vitales, nos han permitido y nos permiten obtener grandes aprendizajes. ¡Aprendemos a base de errores! Aunque se nos tienda a pensar que son sinónimo de fracaso e imperfección.

 Si aprendemos a interpretar que hay de verdad y de lección en ese error que comentemos, podremos de este modo adquirir un conocimiento mayor.

Perdonar es la clave para avanzar

Llegados a este punto, permíteme darte un consejo, y es que para aligerar esa carga autoimpuesta, esa sensación grisácea y oscura que albergas dentro de ti, sólo necesitas perdonar. ¡Qué sencillo y complejo a la vez! ¿Verdad?

Perdonar es la clave para avanzar. Suele ocurrir que nos quedamos enquistados en esa espina que se nos clavó un día y en todas las manifestaciones emocionales que han suscitado en nosotros. Pero esto, como ya sabes, sólo te ha conducido al inmovilismo, a la angustia, y a sentirte mal contigo mismo. ¿ Acaso te mereces eso? ¿ De verdad  quieres y deseas sentirte tan desgraciado/a? Estoy segura que no. Estoy segura que dentro de ti, una voz te dice ¡Te mereces lo mejor!

Todos nos mereces lo mejor en nuestra vida y para nosotros. Por ello, aprender de los errores nos conducen a avanzar más livianos y seguros por nuestro sendero. Si los vemos desde la óptica del aprendizaje, ten por seguro, que cuando vuelvas a cometer un nuevo error simplemente sonreirás, porque ahora sabes que: ¡te llega una nueva lección, un nuevo impulso para acelerar tu ritmo!

Para que este cambio de paradigma ocurra, para romper con esa creencias malsonante que hemos creído como verdad,(error=fracaso) es necesario empezar por perdonarnos a nosotros mismos. Perdonar lo que hicimos en el pasado, o lo que haremos en el futuro. Perdonarnos de verdad. Como cuando perdonas de corazón a alguien al que quieres y respetas. Pues lo mismo debemos hacer con nosotros. Si conseguimos llegar a sentir esa liberación, a darnos cuenta que no podíamos actuar de otra manera porque, sencillamente, no estábamos preparados para ello, porque aún no disponíamos del conocimiento, de los recursos, de las habilidades o de la valentía suficiente para actuar del modo correcto. Ya está. El drama de nuestra vida, la gran angustia que nos atormenta, te aseguro que desaparecerá. Si tu papel fue el de culpar a los demás de dicho error, añade perdón también a esas personas, pues como tú, no supieron actuar de otro modo, no estaban preparados para hacerlo, no vieron más allá. No importa. Ese aprendizaje les llegará a ellos, si les tiene que llegar. Deja de poner justicia juzgada, y céntrate en ti, en la búsqueda de tu tranquilidad.

Prémiate por tu error

Y ya, para culminar el proceso del error, que como has visto es tu gran impulsador, permítete desdramatizar la situación con sentido del humor. Así es, uno de los mejores aliados para acelerar el proceso es, indudablemente, generar emociones positivas dentro de nosotros. Y esto suele ser a través de acciones o pensamientos que nos llevan a cultivar dichos estados emocionales. ¡Cuando la vuelvas a liar parda…sonríe, ríete, date un capricho, come dulces, píntate los labios, ponte a bailar, a saltar, a cantar, a hacer deporte, a irte a tu rincón favorito…! Los errores también merecen ser premiados. Concédete ese placer. Como has visto, ¡las liadas pardas son grandes regalos! No sólo te mereces recibirlos el día de cumpleaños…Prémiate a ti mismo/a cuando cometas un error. Verás como así, tu crearás una nueva creencia positiva en tu vida: Errores= recompensa. ¿Suena mejor, verdad?

¡Mira siempre hacia delante! Aprende de tu error y continua por el sendero de tu vida. SIN MÁS.