lunes, 12 de marzo de 2018

La incertidumbre del NO SABER: ¡Sólida o Líquida!





Dejarse llevar suena demasiado bien,
Jugar al azar…
Nunca saber donde puedes terminar…
…o empezar
                                   V. Morla

Esta letra de canción lleva como título Copenhague y pertenece al grupo musical, V. Morla. Puede que te suene o puede que no, a mí desde luego me suena y me resuena mucho para dar vida a este artículo. Desconozco la inspiración de dicha letra, lo que sí es cierto es que utiliza como escenario una ciudad. Y esa ciudad, puede que fuese la antesala de una gran experiencia, de un viaje… Sea como fuere, me sirve para trasladarte a este lugar ¿Qué nos ocurre cuando viajamos?

¿ Te ha pasado alguna vez, en algunos de tus viajes que los momentos máxima felicidad, han venido acompañados de experiencias que no te imaginabas que ibas a vivir, de momentos que no habías previsto, de personas que no creías que te ibas a encontrar…?

A mí desde luego sí. El no saber se convierte precisamente en la aventura del viaje, como ese “dejarse llevar” de V. Morla, que “suena demasiado bien”.

 Y es que, cuando viajamos sufrimos una metamorfosis, como la que describe Kafka en su célebre obra, aunque sin llegar a convertirnos en insecto. Esta transformación de la que te hablo,  se produce de manera interna, invisible para los demás, y quizás también para ti mismo/a. Sin embargo, te aseguro que dicho cambio se produce Y MUCHO. ¿ Y qué cambia en nosotros? Nuestra la actitud. ¡Chachán!

Así es. Cuando viajamos, no lo hacemos únicamente a nivel físico, sino que además, a nivel interno (aunque no lo veamos) también cambiamos. Y es precisamente porque adoptamos la actitud acorde para vivir una experiencia única: estar abiertos y receptivos a la incertidumbre. De este modo, conseguimos de manera inconsciente que sea el no saber, el dejarnos descubrir, o si lo prefieres, nuestra parte líquida (de la que también estamos compuestos) nos permitiera dejarnos fluir por ese río rebosante de experiencias: las personas que encontramos, la comida que saboreamos, las calles y monumentos que sin estar en ninguna guía turística nos fascina, las emociones que sentimos, los pensamientos que generamos (en su mayoría positivos), pero sobre todo, y especialmente, perdemos la sensación de seguridad y control por lo que va a ocurrir, para permitirnos simplemente “vivir felizmente la incertidumbre”.

Nuestra actitud se adapta a ese momento y lo vive con la intensidad y la autenticidad de saber que más pronto que tarde, será la hora de retornar… Es decir, somos conscientes en este caso, de la fugacidad del momento, de ese escenario, y esto lo hace más auténtico para nosotros.

Ahora bien, ¿ Que suele ocurrir al regresar a la cotidianidad? Lo que todos sabemos: nos quitamos el traje de explorador y lo encerramos en ese armario con la añoranza y nostalgia por lo que fue y ya no será… ¡Cerrando así la puerta a nuestra actitud más líquida!  

Aquí es cuando viene ese gran lamento interior, ¿ por qué? ¿ por qué no puedo adoptar esa actitud en mi vida diaria? Pues porque en esa vida que llamamos diaria, hemos aprendido a sobrevivir y adaptarnos al entorno con una actitud digamos más sólida.

Hay quienes hablan de diferentes zonas en las que vivimos, y determinan nuestra actitud, como la zona de confort, la zona de influencia, la zona de éxitos.. Aquí cada cual inventa su propio concepto. Para mí, todos esos lugares y tecnicismos se pueden reducir a dos esferas:  la zona sólida y la zona líquida.

La zona sólida:
La búsqueda de la seguridad

En nuestra vida diaria vivimos en una zona reducida que algunos llaman confort, yo la llamo la zona sólida. La solidez puedes verla como las cosas materiales y físicas a las que nos aferramos, las que perseguimos, y con la que tanto empeño ponemos en poseer. Y por tanto, nuestra actitud también se adapta a esta zona sólida.

Y esto es así, porque nuestra sociedad, (una vez más la sociedad, sí), ya se ha encargado de arraigar en nosotros, en nuestras creencias más intrínsecas, que lo que nos mueve en la vida, en la que llamamos cotidianidad, es la búsqueda de la seguridad, aunque nos lo vendan como felicidad. Tal y cual.

Estoy segura que esto que lees no es ningún hallazgo para ti. Lo sé. Pero si es cierto que, al estar persiguiendo o sentir que necesitamos perseguir esas cosas físicas, llámalo pareja, llámalo trabajo, llámalo bienes materiales, llámalo hipoteca, familia, vestuario, caprichos, etc…Nos perdemos lo más importante.

La vida nos pasa por delante todos los días, aunque a veces, ni nos enteramos. Y esto se produce precisamente porque nuestra mente, que es así de selecta, “sólo recuerda aquello que le emociona”, como puede ser las experiencias que sentimos cuando viajamos. Todos recordamos como si fuese ayer aquel viaje que tantas emociones nos suscitó, pero muchos de nosotros, puede que olvidemos aquel 5 febrero del año pasado, seguramente estarías(mos) automatizados por la búsqueda de la seguridad.

Y sí, puede que si te haga feliz tener una pareja, o tener un trabajo, o tener un coche nuevo, o esos pantalones rotos a la moda. Puede que sí creas que eso es felicidad. Sin embargo, eso que tu llamas felicidad, en esta zona, simplemente es un espejismo de lo que realmente es ser feliz.

Mucho se ha hablado del concepto felicidad, del estado de Flow, de fluir, y de todos los matices adheridos a esta sensación, que a mi juicio es indescriptible y subjetiva. Uno la siente porque la siente. No se busca, no se encuentra, simplemente se elige ser feliz.  Aunque ya habrá otro artículo para profundizar en ello… ¡Regresemos del viaje!

Empezamos a creer que las cosas físicas (sólidas) nos aportan esa seguridad-falsa felicidad- a la que tanto nos aferramos. Y por tanto, nuestra actitud se adapta a este entorno, a la necesidad de solidez, de pisar sobre seguro el terreno conocido, y de actuar de manera automática y programada por la vida, sí, esa que nos pasa por delante todos los días. 

Pero hay algo más. La búsqueda de esta seguridad de la que hablo, cuenta con su opuesto complementario. Como todo en esta vida: el Ying y el Yang, la luz y la oscuridad, es decir, los extremos de una balance que no puedan coexistir de manera simultanea. El yang (o el ying) de la seguridad es la incertidumbre.

“Nos regalan miedo para vendernos seguridad”.

La incertidumbre suele ser vivida en la zona sólida con la emoción del miedo. Nos da miedo “el no saber”. Sí. Admítelo. Vivir dejándose llevar suena muy bien en las letras de Vetusta Morla. Pero en la vida diaria, nuestra actitud aprende a base de agarrarse, aferrase y sostenerse en suelo firme y seguro. Nos sentimos seguros teniendo a alguien a nuestro lado, nos sentimos seguros con ese trabajo, nos sentimos seguro en esa ciudad, aunque internamente sintamos que no hay felicidad ahí.
Bueno, no todo va de extremos. También estoy segura que sientes felicidad en alguna de esas cosas de tu zona sólida. Pues en la oscuridad, también hay luz…

La zona líquida:
Actitud exploradora

El agua es más fuerte que la piedra, lo blando es más fuere que lo duro, el amor es más fuerte que el miedo” Hesse.

Ahora permíteme mostrarte la otra zona. Esa que alguna vez has experimentado en algunos de tus viajes. La que te permite adoptar la actitud más exploradora. Llamo a este estadio la zona líquida, porque aquí dejamos que sea nuestra parte más líquida la que nos permita fluir por el río de nuestra vida. Como decía Hesse, “el agua es mucho más fuerte que una roca” nunca se rompe, porque nunca se atrapa. Y sí, ya te adelanto que vivir en la zona líquida es posible en nuestra vida cotidiana, pero para ello, sólo necesitamos un cambio de actitud.

La zona líquida es como si dijéramos la actitud más auténtica y real que somos cuando viajamos. Y es la incertidumbre, es decir, el no saber que va a ocurrir, lo que hace que la sensación de adrenalina, de éxtasis, de ¡Por esto merece la pena vivir! Se convierta en la corriente de nuestro río.


Eckhart Tolle explica que existen dos actitudes cuando sentimos   incertidumbre: La actitud de miedo, que se produce cuando la incertidumbre nos controla y nos domina. Y por tanto, (y añado) nos paraliza, o nos hace huir de la situación que nos la produce…Y la actitud de disfrutar,  que ocurre cuando somos capaces de convivir con la incertidumbre y disfrutar de ella, lo que permite transformarse en vitalidad, además estimula más nuestra creatividad y nos mantiene más despiertos (auténticos) en nuestra vida (la diaria).

¿ Cómo vivimos la incertidumbre? Todos hemos sentido esta sensación alguna vez. Todos. Sin embargo, hay quienes DECIDEN convertir a la incertidumbre en su mejor aliada  para, de este modo,  sentir esa chispa, esa sensación de tirarse al vacío sabiendo que no hay caída libre, sino experiencias únicas, sabiendo que no hay peligro, sino lecciones, sabiendo que el “y si…” en la zona líquida, es “ahora”.

Así que, si te estás apostillando en esa decisión que tanto miedo te da tomarla por la sensación de incertidumbre, de no saber, de no querer volar…te diré, que la vida, la tuya te pasa por delante todos los días…pero sólo tu, y nadie más que tu, puede hacer que la vivas en zona sólida o líquida.

Recuerda que llegamos a este mundo solos y sin nada, y también nos despedimos de aquí del mismo modo. Todo lo que tienes, todo lo que has conseguido, simplemente se quedará en el olvido. Pero tus experiencias, tus recuerdos, tus “joder, que me lanzo y me lanzo ya”, eso, te lo llevarás contigo para siempre. Disfruta de tu incertidumbre, esta es la antesala de la auténtica libertad, y por tanto, de la felicidad.

¡Fluye por la corriente de tu vida!