miércoles, 14 de marzo de 2018

La kryptonita del amor







Hoy he sentido LA LLAMADA. Sí, como la canción que ha hecho ganar un Goya al grupo Pereza. He sentido ese  fuerte impulso de necesitar escribir este artículo, en el que me remango, aprieto los dientes, y me atrevo a escribir sobre el amor…

Cachis, con lo bien que iba hasta ahora escribiendo sobre otros temas…Pero así es, cuando sientes la llamada, no puedes más que sucumbir a la necesidad imperiosa de teclear, dejar salir este impulso que siento ahora para dar viva al artículo sobre la falsedad del amor.

Amor. Amor. ¡Ay!
Lo sé, es un tema que ha inspirado a cientos de escritores, y ha sido la musa de muchos artistas, de cantantes que escriben sobre sus historias, de películas con personajes que terminan enamorándose, de fantasías que hemos imaginado en nuestra cabeza, aunque no lo admitas, sobre ese suspiro por el amor…

Sin embargo, siento decirte que, todas esas manifestaciones que hasta ahora has visto, escuchado y sentido sobre el amor, son en realidad, una patraña, una vomitiva de falsedades y anhelos, que nada tiene que ver con la autenticidad del amor. Duro, sí. Choque, también. Pero necesario, para despertar…

Ayer, sin ir más lejos, pude comprobar esta falacia con la lectura de un artículo, con el título: “Quédate soltera hasta que encuentres un hombre así”… Mi sorpresa aterrante se produjo cuando, pude comprobar que el contenido del mismo estaba cargado de una enmascarada dependencia, en este caso, de la mujer hacia el hombre.

Así, como si fuera nuestra meta en la vida sea que nuestra pareja nos regale flores, nos invite a cenar o nos presente a sus padres… Como si la misión también de este hombre sea únicamente la de agradarnos, la de llevarnos en esa nube de volandas en la que se disfraza de gentil, de don Juan, de caballero.

Pues te diré que nada de eso es lo real, que ni tu tienes esa misión ni él tiene ese deber de actuar. No. Eso no es amor real, eso es una película que alguien proyectó en nuestra mente, y que nuestra pasividad como espectador, nos ha hecho adoptar como la escena de amor a la que debemos aspirar. Y esa escena de amor se repite en cientos de manifestaciones, en cientos de creencias sociales, que dictan mucho que desear sobre el amor real de una pareja.

El artículo además, que no tiene desperdicio, decía que la pareja, que ese ideal de hombre (o mujer) puede y (debe) hacerte cambiar. Y fue ahí, cuando la lectura del artículo se frenó en seco, en caída libre y en un aterrador deseo de tener que dar vida a otro artículo, que sirva al menos para mitigar los efectos colaterales de todas las patrañas que hasta ahora, se han dicho y hemos creído sobre el amor de pareja.

He llegado a la conclusión, más tarde que pronto, que esto que nos han vendido como amor, no es más que un encorsetamiento al que, sin darnos cuenta, hemos accedido, hemos creído y hemos aceptado como algo que necesitamos para sentirnos queridos, deseamos, y por tanto, completos.

Es sin duda, una cuestión bastante ardua, que ha suscitado en mí, un gran choque, al comprender que todos y todas, en algún de momento de nuestra vida, hemos creído en esta necesidad de tener una relación de este tipo, la irreal.  


 El artículo de ayer,  no es más que la punta de un enorme iceberg, un gran aluvión de mentiras que necesitamos urgentemente esclarecer, quitar la paja del grano, y ver que la realidad, ese amor irreal, al que tanto nos hemos aferrados, no es más que la tela de araña, en la que podemos vernos enredados, y en la que, en última instancia, nos hará sufrir.

 Ya es bien sabido, que la industria del entretenimiento, y también por qué no llamarla, adoctrinamiento enmascarado, nos ha hecho creer que nuestra razón de ser, o peor aún nuestra valía personal, está intrínsecamente relacionada con la necesidad del cortejo: De sentirnos deseados, admirados y queridos por una persona. Puede ser tu pareja, o puede ser tu familia, o tus amigos, o los aplausos que hemos creído necesitar de la sociedad hacia uno mismo. Sí, tanto me quieren, tanto siento que valgo. Una ecuación mal sonante, que nos hace perpetuarnos en la dependencia de los aplausos y admiración externa.

¿Acaso no tenemos la capacidad de aplaudirnos y extender nuestros brazos para sentir nuestro propio amor? ¿Acaso no somos capaces de sentir nuestra valía personal sin estar ligada a un reconocimiento de un alguien? ¿ Acaso no nos merecemos sentir ese eclipse o esa admiración que anhelamos que alguien nos brinde…por ti mismo/a? 

Lo peor es que, consideramos que la misión de nuestra pareja es que nos complete, que sea la razón de ser para sentirnos que nuestro puzle encaja. Como si las piezas las tuviera esa persona en su poder…

Sí, de acuerdo, somos seres sociales, relacionales y también pasionales, somos eso, y mucho más. Necesitamos de la interacción de los demás, porque eso nos hace o nos permite avanzar, crecer, aprender…no cuestiono este aspecto. Lo que sí, lo que sí pongo en entredicho, es la forma de relacionarnos con los demás. Ahí está la manzana envenenada que hemos tragado, que hemos creído que nos estaba saciando el hambre, pero que, en el fondo no es más que la kryptonita de SuperMan  Es decir, nos hace ser aún más débiles y vulnerables, nos pone en peligro y nos frena en seco a ser realmente auténticos.

El amor real, el amor que no nos cuenta, pero que existe, es ese amor que nace de la libertad. Esta es la clave para que esa pareja, esa persona que uno elige, sea el compañero/a de nuestras experiencias vitales por el camino que elegimos vivir.

Porque cuando hay libertad, el apego, esa dependencia emocional a la que hemos estado dando protagonismo en la escena de pareja, se diluye como las gotas de la lluvia en la nube… Caen al vacío.

 La libertad de la que te hablo, es el poder volar libre y acompaño/a, el mostrarte auténtico/a con otra persona sin que interceda en tu camino, el batir tus alas fuerte, rápido y libre, sin esperar nada de nadie, el que esa persona también sea libre, y que haya vivido, experimentado, aprendido y sabido que el amor real, es la libertad. Y en esa libertad mutua, en ese intercambio de aprendizajes, de respeto, de no esperar nada de la otra persona, ni de exigir… simplemente ser uno/a mismo/a, ahí, ahí es cuando existe el auténtico, genuino y brillante amor.

Amar es compartir, no depender que la otra persona me haga feliz.

Hoy día, sigue extrañando mucho que una mujer, o un hombre, decida por voluntad propia seguir su camino en solitario. No se trata de querer vivir ajeno a la sociabilidad, a la interacción social, o al margen de relaciones. Se trata, precisamente de no anhelar o necesitar que otra persona decore nuestro camino con regalos, propuestas y sorpresas. Es que nos nos damos cuenta, que eso, eso que hemos creído como amor, o mejor dicho, como manifestación de amor, nos lleva precisamente a un inmovilismo personal, y por ende social.

Buscamos fuera, lo que ya tenemos dentro.

Y es que, que te regale flores, o que te abra la puerta del coche, son sólo manifestaciones que socialmente hemos creído como muestras de amor. Pero son sólo, espejismos…

¿Y qué necesitamos para vivir ese amor real, el auténtico?

Primero, dejar de perseguir, buscar, anhelar y exigir tener a alguien a nuestro lado. No, eso no se busca, simplemente llega (si es que tiene que llegar) No es una meta, no es un objetivo, no es un deber el tener pareja para sentirme realizado/a y feliz.

Por tanto, es importante que dejemos de sufrir y suspirar ráfagas de falsa necesidad, cuando uno mismo necesita ser uno mismo. Deja de preocuparte y pasa a ocuparte de ti. Que no es tu misión, ni tu meta, ni tu razón de ser, que esa persona te complete. Puesto que, si tu puzle ya encaja por sí mismo, si emprender tu aventura personal, contigo mismo, hallando las piezas, buscando dentro, sintiendo lo que te hace bien y mal, quitándote capaz, personas, situaciones que han quedado caducas, ampliando tus horizontes de aprendizajes, de lecciones…te mostrarás autentico/a y serás tú quien decida en libertad si deseas o no que esa persona te acompañe. Porque tu actitud ha cambiado, porque cuando te das cuento que algo no necesitas, que eso a lo que te has aferrado no es una meta, entonces serás libre.

Segundo, y no menos importante, no exigir que nos quieran. Nos pasamos la vida exigiendo que nos quieran, porque consideramos que es el deber de los demás así hacerlo. Y esto, nos trae mucho sufrimiento y angustia, cuando en un momento dado, esa persona o personas, no te dan lo que necesitas. Ponemos en un pedestal a otro para que cumpla con nuestras expectativas. Pero igual que tenemos la capacidad de poner, también la tenemos para quitar… Nadie te va a dar el amor que tu anhelas si sigues creyendo en ideales ficticios y en deseos que necesitas, pero que no son verdad. Ponte tú en ese pedestal, siente tu propio amor, tu respeto hacia ti.

Tercero, no permitas caer en el error de que te tienen que cambiar, o que tú tienes que hacer cambiar al alguien, a tu pareja. Esta tampoco es tu meta.

Cuarto, crea tus propias MANIFESTACIONES de amor real. Siente realmente cómo quieres vivir con esa persona, qué manifestaciones deseas que tenga, qué muestras son para ti verdaderamente auténticas y que te sirven… Lo demás, son zapatos que no son para tu pie.

Quinto, decide tú, y sólo tú, cuándo y cómo deseas vivir en pareja. No el reloj biológico de la sociedad. Pueden venirte muchos príncipes de color azul, o muchas princesas de voces angelicales, con pestañas infinitas, pero eso, esos son sólo cuentos de hadas, que de pequeños aprendimos que era lo que uno necesita para ser rescatado de los malos. Aquí, en el mundo real, cada cual debe y necesita salvarse así mismo. Hay dragones con traje y corbata, hay villanos y brujos, hechiceras y serpientes en todos lados. Existen, aunque con un disfraz que no nos deja o no nos permite verlos como lo que son en realidad. Pero tuya, y sólo tuya es tu misión adquirir tus propias destrezas, habilidades y estrategias para salir airoso/a de tus propias adversidades.

Porque , ¿sabes una cosa,? cuando uno se enfrenta a la batalla de la vida en solitario, la victoria sabe más a recompensa, a libertad.

Deja por tanto de preocuparte por anhelar algo que no existe, de darle vida en tu imaginación a esa musa o muso, que te salve, que venga  a tu rescate o que te complete, o que te llene de aderezos. No necesitas eclipses de sol que iluminen tu camino. Tuya es la misión de hallar tu propia antorcha.

No te ciegues al amor irreal, sé libre y despreocúpate de anhelar los  cegamientos de esta sociedad sobre el amor de pareja.

Vive, trabaja, viaja, crece, sigue adelante siempre en tu camino, y ya, si es o no la persona, lo sabrás.

¡Be free!